Ojo con la poesía chilena
Usach abre las puertas a periodistas poetas
Los últimos sobrevivientes del perfil periodista-poeta intentaron hacer “proselitismo” hacia los estudiantes presentes. La idea: que se unan a esa particular forma de hacer periodismo que está por desaparecer.
Por Arelis Uribe
Un encuentro poco común se llevó a cabo en la Usach la semana pasada: tres poetas-periodistas se reunieron a hablar de esta extraña mezcla: un ser capaz de tomar las letras para comunicar hechos sociales y, a la vez, unirlas para explicar los hechos que acontecen dentro de ellos mismos.
Los tres poetas presentes -Hernán Miranda, Ronnie Muñoz y Margarita Pastene- son, a su vez, comunicadores sociales. Todos coinciden en que el ente literato-periodista es una especie en vías de extinción. Lamentable, pues el juego literario de las palabras le da vida al periodismo. Miranda mismo lo dijo al elogiar al periodismo argentino: a los chilenos les hace falta las imágenes y creatividad al relatar de los trasandinos.
Esto se contradice con los cimientos de este oficio. A mediados del siglo XIX nacieron en Chile periódicos que hicieron escuela y que revolucionaron la forma de comunicar. Los más destacados fueron El Ferrocarril y El Mercurio de Valparaíso los que alternaban en su contenido noticias locales e internacionales y editoriales duras y de corte progresista. En sus páginas escribieron los hombres ilustrados de la época, quienes, en su mayoría, se formaron en las letras y a partir de esa tribuna ocuparon el lugar de periodistas. Tal es el caso de Julio Vicuña Cifuentes o Baldomero Lillo.
Lo más probable es que la pérdida de este perfil responda a la sistematización universitaria que da a luz a comunicadores sociales. La prensa nacional se gesta a través de fórmulas establecidas al momento de redactar, y las casas de estudios forman a sus alumnos para que las manejen diestramente, cual estudiante secundario asimila la fórmula para desarrollar sin problemas un cuadrado de binomio o calcular la altura de un triángulo equilátero.
Son pocos los estudiantes que ingresan a estudiar periodismo porque amen las letras. Ese público cautivo por la lengua se dedica al estudio de Literatura o Pedagogía en Castellano. A seguir periodismo llegan jóvenes seducidos por la prensa de la TV, por la radio y por las comunicaciones en el ámbito empresarial. Muchos quieren escribir para decir cosas que creen importantes a la gente, otros porque comprenden la importancia e influencia de un medio de comunicación y quieren ser parte de su engranaje. Sin embargo, ninguno pretende pulir su pluma en la carrera y saben que más que talento para escribir, lo que se necesita es tener práctica y aplicar una técnica.
No quiero decir con esto que no haya valor ni creatividad en el periodismo. Claro que hay periódicos que logran congregar ambas cosas. Se lee, sobre todo, en el área deportiva y cultural de un periódico, así como en diarios cuya creatividad se desborda en sus portadas. Tal es el caso de La Cuarta o The Clinic. No obstante, es una minoría o grupo específico y no la máxima y constante del ejercicio profesional de los reporteros.
La instancia que la Universidad de Santiago de Chile albergó fue una jornada en la que tres periodistas poetas alentaron a los estudiantes de periodismo a ahondar en esa línea, a recordar que aunque hoy se disocie la literatura del periodismo, por abordar la primera un mundo ficticio y retratar el segundo, en teoría, el mundo real, ambos pueden y deben relacionarse para aumentar la calidad de la prensa en Chile.
Ha quedado de manifiesto en el pasado que estas técnicas convivían armoniosamente al estar relacionadas. También ha quedado de manifiesto en el ayer que romper esquemas y cambiar el status quo genera nuevas corrientes o nos hace volver a momentos en que hombres más ilustrados hicieron trabajos maravillosos. Ese es el llamado que hicieron estos maestros de las letras en una sala de la Usach cuyo nombre es de otro monstruo de las palabras: Víctor Jara. Nada es coincidencia y quizá, por ello, fue que se escogió esa aula para albergar tan noble encuentro.










